No me conoces pero tiendo a ver los nuevos avances tecnológicos y la evolución de la sociedad en positivo. Soy un poco friki de la tecnología y me gusta, por norma general ver como son capaces de crear redes, conectar a gente y ampliar el acceso al conocimiento allá donde antes era impensable. Pero se nos ha ido de las manos, se nos ha olvidado el sentido común, la humanidad y porqué no decirlo, la moralidad. Como diría Supermán… Un gran poder conlleva una gran responsabilidad y esta sociedad, con los móviles y las redes sociales o la capacidad de distribuir masivamente lo que a cada uno le viniera en gana, cogió el poder y se pasó por el forro la responsabilidad.
Tampoco suelo hacer revisiones de libros, porque… bueno…. me aburre. A mi me gusta leer, quedarme con lo que me interesa y avanzar al siguiente. Pero este libro, La generación ansiosa: Por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes de Jonathan Haidt tal vez por el momento personal y familiar en que me pilla, me pide parar a digerirlo, a pensarlo, a rumiarlo un poquito. Va por delante que es una visión muy anglófona de la sociedad, concretamente americana. Pero este autor por lo menos lo reconoce y no habla como si el planeta acabara trás sus fronteras. Y eso, es de agradecer. También considero que el libro es molesto de leer… con sus resúmenes a final de cada capítulo y anticipando lo que va a contar en los capítulos posteriores. Aún con todas esas chorradas que me molestan un poco porque soy una tiquismiquis, es un libro imprescindible para entender cómo está cambiando la vida de nuestros hijos e hijas y el impacto que está teniendo sobre ellos.
Primero necesito poner en blanco sobre negro lo que he sacado del libro, porque es denso. Así que si te lo has leído y vas con prisa, sáltate esta parte. Total, no lo escribo para tí, lo escribo para mí. La pregunta que se hace es:
¿Por qué la sociedad y la infancia está sufriendo tanto actualmente si aparentemente no hay más peligros de los que existían en el pasado?
Y sacamos algunos conceptos interesantes:
Sobreprotección. La infancia no es frágil a pesar de lo que nos vendan. La infancia se mueve entre el modo descubrimiento, impulsado por la curiosidad y el modo defensa impulsado por el miedo. Durante la infancia, aprendes a superar el miedo impulsado por la curiosidad y a base de enfrentarte a situaciones de riesgo físico, conflicto social incluso conflicto moral. A través de esas experiencias construyes tu fortaleza y confianza en que sabrás superar los baches del camino. Por desgracia, a los padres actuales nos han machacado con mensajes de que existe un peligro terrible para nuestros hijos en la vida real y la sociedad basada en este miedo se ha armado con herramientas para evitar el juego libre. No sólo serás una mala madre/padre y te mirarán mal socialmente, sino que te podemos denunciar por negligencia. Y así con estos mensajes, hemos sobreprotegido a nuestros hijos y los hemos sacado de la calle. Les hemos privado del juego libre, de construir una tribu, de aprender a relacionarse con sus iguales sin ser moderados por cualquier adulto. No toleran ser llamados la atención por un adulto que no sea tu pa-madre y la sociedad tampoco lo permite. Así es como la calle se vuelve peligrosa, los pa-madres miedosos y los niños crecen sin tribu y sin herramientas para el mundo real. Llega un individualismo asfixiante.
Llegan los móviles. Y se vuelven mucho más divertidos que la vida real, así que mantienen a los niños seguros y quietos en casa. E inútiles. Según cual sea tu edad, esto no fué solo el móvil sino también la pandemia. Los móviles hacen que la edad de acceso a contenidos y personas se diluya. Y llegan las redes sociales y los juegos a través de los móviles, dan acceso constante y una forma nueva y distinta de relacionarse.
Como el modelo de negocio de las nuevas apps se basa en la publicidad, su objetivo como producto es robarte la atención y el tiempo. Se diseñan para eso utilizando sencillas debilidades psicológicas de los seres humanos y logrando así que pasen mucho tiempo en las redes o los juegos. Y no basarse en este modelo, te arruina frente a la competencia feroz. El que explica muy bien esto es Nir Eyal en sus libros.
Las redes sociales cambian la forma en que interactuamos entre nosotros, las comunidades se hacen más líquidas y superficiales. Empezamos a evitar conversaciones incómodas cara a cara y mandamos mensajes de chat en un grupo. Empezamos a tener relaciones menos solidas, donde si esta funciona mal ya me voy de allí. Las relaciones sociales empiezan a verse con miedo, porque pueden escalar rápidamente al ostracismo a través de las redes. Las redes sociales cambian nuestros modelos de referencia y la capacidad que tienen en influir sobre nosotros, porque es un machaque constante.
¿Cómo afecta todo esto?
Muy simplificado: Las chicas les afecta más aquello que impacta en su pertenencia al grupo (comunión) y a los hombre consigo mismo (agencia).
Eso hace que las redes sociales afecten más a las chicas. Se comparan constantemente, se fijan en modelos retocados y se presentan alejadas de quien son realmente invitando a un perfeccionismo imposible. Son expuestas al juicio de los demás constantemente (las chicas son muy agresivas en este aspecto), la rumorología y la fricción social escala negativamente de forma exponencial mientras que los lazos se vuelven superficiales. Se ven contagiadas de las emociones negativas que ven en las redes como la depresión y la ansiedad. Y los algoritmos convierten los intereses sanos en obsesiones. Sin olvidar los peligros devenidos de los depredadores sexuales.
A los chicos les afecta más el juego online y la pornografía. La agresividad masculina es más física. La sociedad ya no recompensa la fuerza física. Al dejar de salir de la calle, pierden la capacidad de asumir riesgos físicos. La pornografía se vuelve una adicción y les muestran modelos de violencia falsos y antisociales. Los juegos producen más dopamina en un entorno físicamente seguro. Sin aprender las normas físicas y sociales, el mundo se vuelve un lugar temeroso donde no saben interactuar.
Sobre la elevación y degradación espirituales, desde mi (y su) ateísmo, reescribo este capítulo en mis propios términos de la degradación de los valores morales y éticos. En una sociedad que sólo valora el logro económico y social, el individualismo es feroz y lo colectivo se desprecia. Donde los valores se radicalizan al blanco y negro, sostenidos sobre titulares efervescentes que luchan por captar tu atención más que por construir tu conocimiento. El hacer cosas físicamente juntos y perder el miedo a la vida y al prójimo. Donde es fácil dañar y odiar porque escupimos sobre cuentas sin caras, sin personas delante. Pasa algo parecido a porque la gente se transforma en el coche cuando no lo haría cara a cara… porque han deshumanizado a la persona dentro del coche de enfrente. Lo bello inspira belleza, lo bueno bondad, pero el odio y la crueldad es más fuerte en este mundo incorpóreo donde no tienes que mirar a los ojos al sujeto en quien escupes.
¿Qué hacemos con toda esta mierda?
Los gobiernos gobernar. Aquí yo me desmarco del autor, yo no sería tan respetuosa con la libertad de una empresa que se está forrando a costa de las vidas de nuestros jóvenes. Pueden comprobar si el usuario de una aplicación o teléfono es menor de edad. Existe la tecnología para ello. Pondría demandas brutales a quien no cumpliera. Prohibiría las aplicaciones con publicidad fraudulenta y uso de menores. El diseño que incitara a la adicción tendría normas y limitaciones explícitas.
Los colegios. Prohibir los móviles y proveer más espacio y tiempo para el juego y para la socialización. Colegios con deporte y tiempos de recreo laaaargos. Colegios seguros pero no sobreprotegidos.
Pa-madres que saquen a sus hijos de casa y den menos tecnología y ser tremendamente críticos con las redes, la atención, los modelos de interacción, etc.
Antes de cerrar, una frase que me ha enganchado:
La gente no se deprime cuando se enfrenta a amenazas; se deprime cuando se siente aislada, sola o inútil. Pag 51.
En otro ratito reflexionaré sobre esto, de momento lo dejo aquí.

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