Hace ya bastante más de un año que mi hija está enferma, pero redondeemos a 365 días porque, en esta vida, cualquier oportunidad de simplificar hay que cogerla.
Esto no va sobre la enfermedad de mi hija, eso es su vida y a ella le corresponde contar su historia. Así que, si buscas historias de superación, de dolor psicológico extremadamente profundo, de culpa y de profunda soledad, espérate que escriba un libro. Ella y solo ella es dueña de su historia.
Pero como madre, una experiencia así te cambia, te remueve, te repiensa, te reconstruye. Y para eso primero hay que deconstruir, hay que soltar lastre, hay que dejar ir. Esto va de cómo tuve que romper todos mis esquemas, todas mis creencias, todos mis valores para poder lidiar con esta situación a la que me enfrentaba. Para poder estar a su lado. Como un junco, no como un tronco. Era tronco y me hice junco.
Un año en el que me rompí entera y me reconstruí trocito a trocito. Un año de muchísimo dolor y también de muchísima fortaleza y serenidad. Un año donde aprendí a depender, a no ser suficiente, a no poder y a no saber. Y eso me hizo poderosa.
Escribo para mí, ni para ti, ni para ella. Lo escribo porque escribir siempre fue mi forma de ordenar las ideas y de fijarlas en la cabeza. Si lo estás leyendo, tal vez sea porque también necesite que me entiendas o que me conozcas, para sentirme tal vez un poquito menos sola.
Mi visión del sistema y de la sociedad ha cambiado. Del efecto de los móviles están teniendo no solo en los adolescentes, sino en todos nosotros. Aquí estoy muy influenciada por el libro de La Generación Ansiosa, con mi visión particular del tema, pero saber que este libro ha tenido un gran impacto en mi forma de verlo y de ahí lo he repensado, alimentado, recolocado.
Quiero hablar del efecto que ha tenido el “on demand” en nuestra vida y en el día a día. Del constante acceso a todo. Las oportunidades infinitas, las decisiones constantes. El no soportar la incertidumbre. El tener que elegirlo todo, siempre, todo el rato.
Quiero hablar de cómo ha cambiado radicalmente mi concepto sobre la maternidad y cómo deberían bombardear todas las cuentas de Instagram llenas de super-mamis que todo lo hacen bien. No son más que otra herramienta de dominación.
Quiero hablar de como la idea de la felicidad y el individualismo nos está vaciando como sociedad. Cómo nos hemos perdido como tribu. Cómo la puta «mejor versión de ti mismo» es un canto a la soledad y el narcisismo. Cómo no somos nadie sin depender del otro.
Quiero hablar de cómo he cambiado yo, mi forma de ver la vida y de entenderme. Mi manera de mostrarme al mundo, aunque igual me quedo sola un día de estos, porque cada vez voy más a contra-corriente. Aunque tal vez solo esté resistiendo una resaca en la que he caído y dejándome llevar por lo que realmente pienso me arrastra a la ola que por fin me lleve a tierra.
(silencio intenso)
Quiero hablar de cómo he cambiado mi forma de entender las emociones, de leer mi cuerpo y de entender mis miedos. Aunque sigue habiendo unos cuantos que simplemente abrazo y me niego a superar. Siempre odiaré los parques de atracciones. Punto.
A poder cuando ya no puedas más, a tragar cuando crees que ya has tragado todo. A quedarte cuando solo quieres huir.
Aquí hablo de cómo decido tirar a la basura, los 50 años de mi vida para crear otros 50 nuevos.
(otro silencio intenso)
Me escucho dictar estas palabras y todo me suena a historias manidas de una vida cualquiera. Pero es que mi mayor renuncia la más importante y la más sanadora ha sido la de renunciar a ser especial y renunciar a ser como los demás.
Esta es mi historia, si te gusta sigue leyendo, si no déjalo aquí. No me importa, no le escribo para ti tanto Como lo escribo para mí. La gente dice que que escribe para ayudar a los demás… yo no, yo no creo que esto pueda ayudar a nadie. Cada proceso es único. Si quieres compañía tal vez pueda hacer algo. Pero es que yo escribo para mi, para vomitar el miedo, ordenar el mundo y sacarlo de dentro.

Escribe, si quieres