La mediocridad se ha convertido en lo más humano y revolucionario que las personas podemos hacer para mejorar el mundo. Pero parece que el término es feo, despectivo… Lo imperfecto, lo templado ha perdido estatus en la sociedad actual. ¿Y si fuera un signo de inteligencia? ¿Y si fuera un signo de fortaleza? ¿Y si implicara la verdadera resistencia?
Después de una década invadidos e intoxicados por mensajes sobre la perfección, por promesas falsas de vidas perfectas, por la codicia de venderte un producto más que te haga sentir menos, que te haga ver un defecto que no sabías que tenías… Después de ocultar nuestras caras bajo filtros de todo tipo, nuestra vidas en escaparates de revistas, después de haber aprendido a mirar al de al lado con envidia y competitividad… Después de caer en las putas garras del peor materialismo, de la tiranía del capitalismo estético y moral, del desprecio al lado humano de las personas, de las incoherencias, de las sombras, de la arruga de expresión… La calma, lo imperfecto, lo sereno se ha convertido en escasez y lujo.
Soy una profunda amante de las líneas de expresión, de las marcas que deja el tiempo y la vida. Las observo como historias heroicas de una vida sentida en plenitud.
La mediocridad se ha convertido en lo más humano y revolucionario que las personas podemos hacer para mejorar el mundo.
Se nos ha olvidado que no somos nadie sin la tribu. Y en la tribu tienes que estar con, no contra. Vivimos en una época muy oscura, con mucha contra, con mucho dolor, con mucha rabia.

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