Si ya tenemos demasiada información de dudosa calidad que nos bombardea el cerebro sin piedad, ¿qué haremos ahora que la IA nos va a permitir generar una cantidad exponencial de basura? ¿Qué haremos cuando la IA sólo tenga basura con la que generar más basura? ¿Qué haremos cuando la IA se convierta en un caníbal de su propio contenido?
Cada día somos más bobos, más mediocres. Y en esa profunda estupidez, nos ahogamos, agobiamos, estresamos y aparece la puta ansiedad. La sociedad de la ansiedad. Todo el mundo tiene tanto que no sabe qué hacer con ello. La puta jaula de oro que nos hunde en el océano de cosas, información, presión, exigencias. Pero con prisas, eso sobre todo, con mucha prisa.
Y ahora llega la puta IA. Se alimenta de mierda y genera mierda que nos suena bien. Mierda inolora. Pronto la IA se alimentará de su propia mierda y regurgitará todavía peor mierda. En breve la IA se canibalizará y escupirá contenido recreado desde el mediocre contenido generado antes por la misma IA. Mierda de caníbal.
Nosotros mientras, alimentando nuestra cabeza de esa mierda y nada más que esa mierda, porque los contenidos de calidad hay que pensarlos, estudiarlos, contrastarlos, repasarlos… hace falta pausa, tiempo. La prisa nos come, nos ahoga. Pero llego la IA para salvarnos, gracias a ella por fin se pueden generar de manera ingente la mierda de contenidos con los que nos alimentamos.
Y como vivimos en una sociedad de la abundancia, de valorar la cantidad sobre la calidad porque unos inadaptados americanos así lo han decidido, aunque esa abundancia nos esté ahogando y agobiando y no nos deje sacar la cabeza para mirar al horizonte. Es imposible filtrar y parar el tsunami de opciones e informaciones de mierda que nos llegan cada día. Y yo que me estoy ahogando, sólo quiero que todo pare de una vez, para poder respirar un poco. Porque cuando encuentro un pequeño atisbo de verdad, como una aguja en un pajar, estoy tan agotada que ya no la puedo digerir.
Moriremos de abundancia. Cada vez somos más tontos gracias al exceso de información, decidimos menos gracias al exceso de oportunidades. Y con tanto no podemos operar. Es un tsunami de mentiras, excesos y abusos que nos arrasa sin piedad. Y se lo está cargando todo, empezando por cualquier posibilidad de ser un poco feliz.
Me ahogo.

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