Decia en el blog «Culpa, responsabilidad y gratitud. Parte 2» que:
En esta disertación, en la que tal vez se te haya escapado algún ronquido o tal vez te lo hayas saltado leyendo en diagonal, me doy cuenta de la diferencia entre la culpa y la responsabilidad es el respeto a uno mismo. Entre la culpa y la gratitud es el creer que te lo mereces.
En la primera frase «se te haya escapado algún ronquido o tal vez te lo hayas saltado leyendo en diagonal» destaca el cómo nos hacemos de menos, asumiendo que te has dormido o que no te ha interesado lo suficiente para leerlo con atencion. Especialidad de las mujeres. Asumiendo que mi discurso te aburre porque de mí, como buena mujer, esperas que te sonría y te haga la vida fácil y ligera. Como verás esta no es una expectativa que compartan los hombres que en la mayoría de los casos no se ven siquiera obligados a sonreír para hacerte sentir cómodo. Con este tema de la sonrisa voy a volver a retomar.
En el final del párrafo me pasa otra cosa de la que ya me han advertido y con la que lucho porque en cierto modo se contradice o alimenta de la primera y es que salto de un concepto inicial hasta su conclusión sin pasar por todo el desarrollo argumentativo.
En lo que una vez me vinieron a decirme, entre risas, que hacía saltos espacio-temporales y que era difícil seguirme. Esto no es casual. Esto viene alimentado de lo primero. De haber recibido toda la vida el mensaje de “no seas coñazo, tu sonríe”. Y este mensaje lo recibimos muchas veces las mujeres a lo largo de la vida, pero si además eres la menor de tres y única mujer, con el bullying inevitable que te hacen tus hermanos toda la vida y el agotamiento existencial con el que llegan tu padres a educarte e incluso conocerte, te aprendes rápidamente que es mucho más efectivo para vivir en sociedad el ser divertido, bromista y superficial que dar el coñazo con reflexiones que para ti son críticas, pero para los demás, preferirían hablar del último romance, partido o comida de no se quién.
Y tú, que quieres vivir en sociedad, te pliegas. No sin antes rodearlo de un poco de amarga ironía. Y que no parezca que voy de listilla, o si… porque esa es una de las renuncias que me van a liberar hoy. Si este rollo te parece de listilla, te aburre o te repele, no lo leas, pásalo. Porque esto no lo escribo para ti, lo escribo para mí. No es curioso, lo poco que se les permite a las mujeres ser listillas y lo que se admira eso mismo en un hombre…
Volvamos al tema de la distancia entre la culpa y la gratitud. Iba en el coche, donde últimamente paso mucho tiempo y me di cuenta de que la diferencia entre la culpa y la gratitud es creer que lo mereces, que tienes derecho. Deshagamos el camino. La culpa te sume en una oscuridad personal donde cargas contra ti mismo: soy malo, no merezco x, no soy suficiente… un concepto muy cristiano por cierto de que, aunque sea la persona más atea que vayas a conocer, se respira en el ambiente.
Si eres mujer, esto se exacerba porque tú que tienes la culpa de todos los males del mundo y que debes mejorarte a base de torturas como andar de puntillas en zapatos estrechos, no poder respirar para que tu cintura ocupe menos, comer lo menos posible para que no ocupes espacio con tu cuerpo… tú que como mujer que eres culpable de que te violen, … nos han vendido toda la vida que no valemos. Que para hacernos valedoras de cierto respeto tenemos que ser perfectas para el observador, que no podemos fallar. Y así la culpa y la vergüenza se fusionan y te inundan.
Podrías convertir la culpa en responsabilidad y coger sólo aquello que te corresponde y con una vuelta de hoja extra, creer intrínsicamente que tienes derecho a hacer cosas mal con la mejor de las intenciones y que esa culpa se convierta en gratitud. Gratitud por el aprendizaje, por el perdón, por el derecho y el merecimiento. Es creer en cada célula de tu piel que tienes derecho a hacer las cosas mal. Un derecho que se le niega a las mujeres cada vez que dices eso de “si haces esto es por que de pequeña tu madre hacía aquello.” Pero también es creer en cada célula de tu piel que tienes valía tal y como eres a pesar de que te digan que tus piernas no son lo suficientemente largas, tu opinión no es lo suficientemente importante y que mejor sonrías y decores que así me haces la vida algo más bonita… o no y entonces no tienes derecho siquiera a estar.
Igual aquí he perdido a más de uno… peeero me lo repito otra vez… me da igual, esto lo escribo para mí.

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