Es extraño e incluso absurdo. Creo que de pequeña, en casa dijimos tan pocas cosas buenas o cariñosas que no desarrollamos esa habilidad y ahora me resulta una misión casi imposible.
Así que como la única manera de desarrollar una habilidad es practicar muy a menudo, y sabiendo que las cosas son sólo difíciles las primeras 300 veces que se hacen, he decidido probar esto de la gratitud.
¡Qué extraño! Con lo fácil que resulta enfadarse, insultar, ridiculizar o bromear, porqué resultará tan difícil decir «Gracias»? Incluso decir «Perdón» parece más fácil. ¿Qué habrá en uno y en otro que lo hace casi impensable? Tengo una teoría: El perdón parte de una mea culpa, una micro-sumisión. No se me mal-entienda. El perdón puede ser muy sano y reparador y muy necesario… si la cago y me perdonas, podemos empezar otra vez en blanco. Pero el perdón requiere que yo me agache, mientras que el gracias más bien levanta al del enfrente. Así que me quedo con el gracias… porque prefiero que volemos todos, no necesito a nadie en bajito para levantarme yo. A veces necesito levantarme o levantarte para que volvamos a mirarnos a los ojos.
Lo prefiero, aunque eso no quiere decir que si tu no tienes fuerza para levantarme, no me vaya a agachar contigo, colocarme ahí abajito contigo, donde te pueda mirar directamente a los ojos, intentar llegar a tu alma, pedir perdón para aliviar el peso y desde ahí levantarnos juntas. Juntas, donde podamos mirarnos a los ojos. Siempre a los ojos.
Así que con ese espíritu voy a empezar una absurda serie de Gracias que tal vez sean de dos líneas y tal vez de más. Si ves que lo dejo, dame un toque, me olvidé o me rendí.
Veo que «Gracias» es una palabra muy comercial… por lo menos no me va a costar encontrar fotos…

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