Publicar mierdas propias, cuando no estás acostumbrado a dejarte ver, da mucho vértigo. Como si salieras en pelotas a la calle con todo el mundo esperando en la puerta para usar tu mierda contra ti. Da un vértigo increíble.
Y eso que a mi nadie me lee, ni sabe quien soy. Y aún así tengo que ir al baño varias veces antes de publicar. Y es que me leo y me caigo mal. Porque joder, que intensa, ¿no? Al mundo no le gusta la intensidad. Les abruma, les agobia.
¿Qué haces cuando tu forma de ser fundamentalmente agobia al mundo? Disimular, adaptarte… si eres tío, entonces no agobia, no te preocupes. Entonces se admira, así que tranquilo, puedes salir al mundo a ser. Vas a triunfar. Enhorabuena.
Que sí, que sí, que tengo rencores hacia el patriarcado. Acéptalo. Es que me jode que me anulen, me apaguen, me callen y me pidan que no ocupe. Esto es gracioso, porque me lo pidió una mujer que ocupa un planeta entero. En fin. A veces somos demasiado intensas.
Pero que es intensa, ¿nuestra luz? Ya la pediréis en el próximo apagón. Y si paso de todo y abro yo también las piernas en el metro, mira que tengo los ovarios bien hinchados.
Pues eso, que el poder de programar hace que me atreva. Porque tal vez no publique inmediatamente, pero lo puedo programar y olvidarme que me he despelotado con la ventana abierta, pero que antes de que lo puedas ver, lo dejo ahí en reposo. No lo voy a tocar, no lo voy a volver a leer, pero saber que puedo si quiero me da la paz que necesito para dar al botón de publicar. Y cuando salga, pues ya será demasiado tarde y que sea lo que tenga que ser. Total ¿qué es lo peor que podría pasar? No atreverse siempre será peor.

Escribe, si quieres