Me cuesta creerme a mí misma. Que igual haber crecido entre frases tipo “tú que sabrás…”, “eres una zopen (de zopenca)…” y “anda ya!”… no ayudaba. O de crecer en un entorno donde la discusión era una batalla de humillaciones y desprecios en vez de un intercambio de ideas respetuoso… Yo siendo la pequeña, tenía todas las de perder. Y encima mujer en un entorno particularmente machista… oye, ni lo intentes.
También es verdad que cambio mucho de idea y me dejo influenciar por las opiniones de los demás. Aunque otros llamarían a eso ser flexible y saber escuchar. El caso es que por el motivo que sea, me cuesta creerme a mi misma. Tal vez simplemente por ser mujer, haber crecido en una inmensidad de pequeñas humillaciones, pequeños desprecios, pequeños ninguneos. En realidad los «¿por qué?» están sobrevalorados. Son mucho más importantes los «¿y qué?»
El caso es que por A o por B me cuesta creerme. Pero hay una cara compasiva a esta duda constante. Esta duda constante me permite ponerme en tu lugar, mirar desde tu punto de vista, llegar a mirar en 360. Esta duda me permite escucharte con atención, sin querer ganar, sin querer batallar incluso. Bueno esto en realidad, si soy sincera conmigo misma, es una batalla constante con mi verdadera pulsación.
Vuelvo a esta idea después de unos días de dejarlo en borrador y hoy, que vengo calentita conmigo misma, pienso… pero ¿qué mierdas estoy diciendo? Me cuesta creerme a mí misma porque no soporto la crítica, la vergüenza de que me cuestionen y demuestren que he dicho una gilipollez. Ante ese miedo hay dos salidas fáciles: recular inmediatamente (no me creo) o pelear a muerte por tener la razón (y joder un poco la relación). Y las dos opciones apestan.
No es que me cueste creerme a mi misma, me cuesta aceptar la incertidumbre, que alguien me refute la idea con demasiada facilidad, que parezca tonta… o peor, que lo sea.
Pues esto entonces es como siempre. Te jodes y te tragas los miedos y lo haces igualmente… con miedo. Hasta que te acostumbres y te deje de dar miedo. Y en vez de eso empieces a escuchar, con atención plena y quedarte con los argumentos que te convenzan, no con los que te de a quien quieras complacer y sin querer tener la razón. Sin querer ganar. Queriendo aprender. Aprender frente al ganar. Me gusta. Aprender todos. Ganar todos. (Pausa intensa)…
Fijo que mañana se me ha olvidado y vuelvo a las mismas.

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